La etimología de: Subasta

Me quedé sorpendido cuando descubrí que el orígen de esta palabra es el más obvio, del latín sub hasta, bajo el asta.  Ya que en la Antigüedad, se anunciaba la venta del botín obtenido en la guerra señalándolo con una lanza. Además, en Roma también se solían indicar con una lanza los inmuebles confiscados a los deudores del estado puestos a eso mismo, a subasta, bajo la orden sub hasta vendere (vender lo que está señalado por el asta).

8 comentarios en “La etimología de: Subasta

  1. ¡Genial artículo! Como tú bien dices, en Roma la “lanza” (“hasta”) es símbolo de la propiedad. Gayo la llama “festuca” (“palo”, pero también “brizna”) y los textos latinos suelen hablar de “vindicta” (de ahí, “reivindicatio”) como “hasta”.
    Tal es así que:
    a) la subasta es un modo formal de atribución de la propiedad y
    b) la reivindicatio es una conditio sine qua non de la propiedad (quien no puede reivindicar no puede ser considerado propietario).

  2. Otra maravilla etimológica nos la brinda la palabra MATRIMONIO, que significa “oficio” (munus) de “la madre” (mater) —cfr. patrimonio y testimonio—. Es decir, la presencia de una mujer es indispensable para poder hablar de matrimonio; su ausencia indica que estamos no ante un matrimonio, sino ante una “unión”. Consecuencia: el llamado “matrimonio homosexual” es un sinsentido porque no hay una “mater”; se debe hablar, por tanto, de “unión homosexual”.

    1. Siguiendo ese razonamiento etimológico, subasta también es un sinsentido pues ya no se subasta con una lanza y a nadie parece importarle. Las palabras van ganando nuevas acepciones, forma parte de la evolución del lenguaje.

      1. Creo que en el ámbito etimológico la comparación no funciona tan bien como en otros campos.
        No existe un buen sustitutivo de subasta, habría que emplear la palabra “venta pública” y, aún así, se perderían matices esenciales.
        En cuanto a “matrimonio homosexual”, no es mi intención pontificar, pero me parece irrisorio hablar de una “mater” inexistente.

        1. No sé por qué la comparación no puede funcionar en este ámbito.

          Insisto en que es igual de irrisorio hablar de un “mater” inexistente como de una “lanza” inexistente. En cuanto a la pérdida de matices, lo que propones de “unión homosexual” me parece que también pierde unos cuantos. ¿Qué pensarías si alguien te dice que está unido heterosexualmente a otro?

          1. Entiendo lo que dices y, de hecho, yo nunca hablo de “unión homosexual”, sino de “matrimonio homosexual”. Ahora bien, creo que el término “matrimonio” se desvirtúa cuando lo tildamos de “homosexual” o “heterosexual”. Fíjate, nunca decimos “matrimonio heterosexual” porque “heterosexual” funciona como un simple epíteto (v.g. blanca nieve); basta con que digamos “matrimonio” para que todo el mundo nos entienda. Sin embargo, la denominación de la unión entre personas del mismo sexo necesita apoyarse en un adjetivo (que no funciona como epíteto) para que la gente pueda entender que no se trata de un matrimonio al uso. ¿No te parece que la dependencia entre ambas palabras (“matrimonio” + “homosexual”) es sospechosa? Se experimenta cierta pérdida de rango, ¿no crees?

  3. Otra curiosidad. “Persona” (en griego, “prosopon”) es una máscara, en concreto, es la máscara que utilizan los actores para caracterizar a los personajes dramáticos.
    Por eso lo importante no es la “persona” (máscara), sino el “ser humano”. Es obvio que toda persona es ser humano, pero no todo ser humano es persona. Me explico: cuando nacemos y vivimos, al menos, 24 horas desprendidos de nuestra madre se nos atribuye la condición de “persona”. Por el contrario, si naciéramos y muriésemos a las 12 horas del parto ya no se nos consideraría “personas”, sino “seres abortivos” (humanos, por supuesto). Conclusión: todos los “seres humanos” se merecen el mismo respeto, independientemente de si se les ha concedido o no el beneficio de la “personalidad”. Por otra parte, la condición de “persona” no parece ser algo muy serio cuando los criterios de adjudicación de dicho beneficio (p.ej., horas de vida) pueden variar de un Estado a otro.

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