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Imperativo de voluntad

Una compañera me enseñó un artículo que estaba escribiendo con notas al margen escritas por su tutor. Este utilizaba una perífrasis verbal muy curiosa que bautizo como EL IMPERATIVO DE VOLUNTAD (con voz de producto innovador). En serio, es que no sé cómo buscar sobre él ni sé si existe oficialmente. Lo que ponía era esto:

Camila, quieres cambiar este apartado.

O:

Camila, quieres modificar estos datos sobre la belleza del mapache.

“Quieres” + verbo en infinitivo. Sin interrogantes. Sigue leyendo Imperativo de voluntad

La palabra que no se puede escribir

palabra que no se puede escribir

El bug del español: una palabra que no se puede escribir

Hace unos días le hice una consulta a la RAE, ¿cómo se escribe el imperativo de salirle? Su respuesta fue la siguiente:

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:

La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, salle daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le].

Hemos topado, por tanto, con el que quizá sea el único bug de la ortografía española. Una palabra que existe gramaticalmente y se puede pronunciar, y que sin embargo no se puede escribir. ¿En la siguiente ortografía de la RAE incluirán alguna solución para esto? ¿Quizá un guión?

Muchas gracias a Brais, quien detectó inicialmente el problema.

Nota: Lo escrito entre corchetes es la transcripción fonética que usa la RAE.

Ordenemos bien

Últimamente me he planteado dejar de hacerles caso a los profesores de la universidad. Valiente estupidez, pensaréis, eso lo hace mucha gente. Es cierto. Pero seguro que ninguno lo hace por mis razones. ¿Cómo es posible que en tres años de carrera ni uno solo haya sido capaz de utilizar correctamente el imperativo en plural? Comprobado. “Pensaros esto para mañana.”. “Estudiar bien este tema.”. “Hacer los ejercicios para el lunes.”. Entenderéis que de esta manera no voy a obedecerles, faltaría más.

El modo imperativo se utiliza para dar órdenes, ruegos o deseos. Para utilizarlo en plural, en verbos regulares, se sustituye del infinitivo la “-r” final por una “-d”. Así, por ejemplo, si quiero ordenar a un grupo de vegetarianos que coma un pedazo de carne cruda del animal más entrañable sobre la faz de la Tierra, les diría: “¡Comed!”. Si, además, quiero añadirle el pronombre “-os” al final, la “-d-” desaparece, quedando así: “¡Comeos la maldita carne de una vez!”. Existe una excepción aquí, que afecta al verbo ir, en el cual no cae la “-d-” idos, por extraño que pueda sonar al principio. “¡Idos de aquí, malas pécoras!” sería una correcta utilización.

Si no queréis complicaros la vida acordándoos de estas nociones básicas, podéis recurrir al truco de tratar con respeto a la gente. Me refiero a tratar de usted, pues es más sencillo construir el imperativo, lo del respeto es opcional: “Se lo ruego, váyanse a la mierda.”.

¿Cuáles son las causas que pueden llevar a esta incorrecta utilización del imperativo que no solo afecta a mis docentes sino a una gran parte de la población? Supongo que una buena razón es que es mucho más cómodo pronunciar la “-r” que la “-d”, sobre todo si tenemos que hacer el esfuerzo de pronunciarla bien, y no como una zeta. También creo que la confusión puede venir de la forma impersonal con el infinitivo, utilizada sobre todo en los carteles y anuncios, del tipo: “Cerrar la puerta al salir” o “Tirar de la cisterna después de defecar.”.

En resumen, si queréis que os hagan caso, no necesitáis ni liderazgo ni labia, sino tan sólo utilizar bien el imperativo.

Una vez me contaron un chiste que decía así:

Van dos tíos por la calle y ven un cartel que pone “Aceros Inoxidables”, y le dice uno al otro: “¿Qué? ¿Nos hacemos inoxidables?”.

Sólo se me ocurrió responder con una mirada de desprecio y un comentario quisquilloso sobre el uso del imperativo.

OdiaDme por ello. Me lo merezco.