
Acabo de terminar la novela de George Orwell, 1984, en la que, entre otras cosas, introduce el concepto de la neolengua. La neolengua sería una versión simplificada de la lengua con el fin de dominar el pensamiento de sus hablantes, ya que elimina muchos conceptos y evita ambigüedades para que no se pueda leer entre líneas, entre otras cosas. Como ejemplo, esta cita:
– La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura. Por supuesto, las principales víctimas son los verbos y los adjetivos, pero también hay centenares de nombres de los que puede uno prescindir. No se trata de sinónimos. También los antónimos. En realidad, ¿qué justificación tiene el empleo de una palabra solo porque sea lo contrario de otra? Toda palabra contiene en sí misma su contraria. Por ejemplo, tenemos «bueno». Si tienes una palabra como «bueno», ¿qué necesidad hay de la contraria, «malo»? «Nobueno» sirve exactamente igual, mejor todavía, porque es la palabra exactamente contraria a «bueno» y la otra no. Por otra parte, si quieres un reforzamiento de la palabra «bueno», ¿qué sentido tienen esas confusas e inútiles palabras «excelente, espléndido» y otras por el estilo? «Plusbueno» basta para decir lo que es mejor que lo simplemente bueno y «dobleplusbueno» sirve perfectamente para acentuar el grado de bondad. Es el superlativo perfecto. Ya sé que usamos esas formas, pero en la versión final de la neolengua se suprimirán las demás palabras que todavía se usan como equivalentes. Al final, todo lo relativo a la bondad podrá expresarse con seis palabras; en realidad una sola. ¿No te das cuenta de la belleza que hay en esto, Winston?
1984, George Orwell.