Palabras de niño: Escarallolado

escarallolado

Inauguramos esta sección en la que recopilaremos las palabras de niño, expresiones que sueltan los más pequeños cuando aún no dominan el idioma y que casi siempre tienen su razón de ser.

Empezaré con un ejemplo que pronuncié a los pocos años de existencia. Mi hermana acababa de llegar a casa tras haber tenido una caída por la que le habían tenido que escayolar un pie. Aquí, en Galicia, cuando algo se estropea decimos coloquialmente que se «escaralla», viene del vocablo con más acepciones que es «carallo».  A mi mente infantil se le ocurrió la conjunción de esos dos factores, la escayola y el escarallamiento, no sé si fruto de un alarde de genialidad o como una inocencia lingüística, y dije: ¡Tienes el pie escarallolado!

Ayúdanos a recopilar más palabras o frases que dicen tus hijos, sobrinos, nietos, vecinos o que dijiste tú cuando tenías unos cuantos años menos. Envíanoslas a unaracnidounacamiseta(arroba)gmail.com y estaremos encantados de compartirlas.

Tres reglas para escribir una novela

Hay tres reglas para escribir una novela. Desgraciadamente, nadie las conoce.

William Somerset Maugham

Una imagen vale más que mil palabras 8

Mejor subrayar o usar negrita en aquello que se quiere resaltar, las comillas quedan un poco…

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Se pueden leer joyas como: hamburguesas de «queso»,  masaje «profesional» o  llamar al timbre para el «servicio de carne».

En esta otra imagen, sacada de Microsiervos, ¿qué serán esas «cajas» y esas «maquetas»?

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Makgufis 109

makgufis

Si a un individuo le quitan los órganos y eso le causa un desajuste, ¿le DES-ORGANIZAN?

Gracias a Lucía por su makgufi.

Échales un ojo a los makgufis que hemos publicado hasta ahora.

Caligramas: mouse

He aquí uno más de nuestros caligramas. Se me ocurrió con la palabra mouse en inglés, que significa ratón, aplicado al ratón del ordenador:

caligramas mouse

¿Más o menos se entiende, no?

¿Qué son los caligramas?

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Allí al menos pude contemplarle a mis anchas. Era la primera vez que le veía, de eso estaba seguro. Como ya he dicho, era de una corta estatura. Me sorprendió además en él la expresión extraña de su rostro, la rara combinación de actividad muscular y aparente debilidad de constitución y, finalmente, y no en menor grado, el extraño malestar que causaba su proximidad. Provocaba algo semejante a un escalofrío incipiente al que acompañaba una notable disminución del pulso. En aquel momento lo achaqué a una repugnancia puramente natural y de idiosincrasia, y simplemente me asombré ante lo agudo de los síntomas. Pero desde entonces he hallado motivos suficientes para creer que la causa era mucho más profunda, que se enraizaba en la naturaleza misma del hombre y que respondía a algo mucho más noble que el simple principio del odio.

El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, R.L. Stevenson.