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Cosas que pensabas de pequeño: Denigrante

Dibujo para colorear Pensar

Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que muchas cosas que pensábamos de pequeños (y no tan pequeños) no son como parecían. Y muchas de esas veces, es por una cuestión lingüística. Ya he comentado el caso de las pastas de té o de la unanimidad.

Dos personas que no se conocen me han comentado exactamente el mismo problema que tenían de pequeñas con la palabra «denigrante». Resulta que para ellas había demasiada gente xenófoba en este mundo. La gente siempre achacaba las cuestiones más terribles a los emigrantes. ¿Por qué era esto? «Denigrante» suena muy parecido a «de emigrante», que era lo que entendían ellas. Así que  cuando alguien decía «esa horrible cuestión ha sido denigrante» ellas entendían que había sido «de emigrante».

¿A alguien más le ha pasado? ¿Qué otras expresiones entendíais mal de pequeños?

Tiempo y espacio

El espacio y el tiempo, tan diferentes aparentemente, pero que algunas teorías físicas que no me atrevo a entender no los ponen en planos tan distintos. El tiempo es la cuarta dimensión, dicen. ¿Y en el lenguaje? Están más cerca de lo que parece.

Se habla muchas veces del «espacio de tiempo» en el que transcurre algo. La extinción de tal especie ocurrió en un espacio de tiempo muy corto. Un espacio de tiempo. Suena contradictorio, ¿no? ¿A qué se puede deber que se asimile el tiempo, algo tan intangible, tan inmaterial al espacio, un fragmento del espacio? Quizá sea por nuestra costumbre en representar el tiempo como una línea, una línea que ocupa un espacio y puede ser medida en centímetros o en metros. En muchas representaciones con coordenadas: de sucesos, de procesos, de planes, aparece el tiempo en la línea horizontal o en la vertical, ocupando un espacio.

Buscando en la RAE la definición de tiempo, se puede leer en una de sus acepciones «Largo espacio de tiempo.» Con la definición de espacio sucede lo mismo, un espacio puede ser «transcurso de tiempo entre dos sucesos.» Así que parece que en el lenguaje común el espacio y el tiempo no son tan distintos.

Antes mencioné la intangibilidad del tiempo. Sin embargo, cuántas veces hemos oído la expresión «tiempo material». Se utiliza de manera muy curiosa, normalmente como excusa por no haber hecho algo. Da a entender que si no has tenido tiempo material para hacer algo no es porque hayas estado malgastando tu tiempo, sino porque realmente no has podido dedicarle ni un minuto a esa tarea encomendada.

Por último, he aquí una reflexión de Christopher, el protagonista de El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, sobre la diferencia entre el espacio y el tiempo:

Porque el tiempo no es como el espacio. Cuando dejas algo en algún sitio, como un transportador o una galleta, puedes tener un mapa en la cabeza para decirte dónde lo has dejado, pero incluso aunque no tengas un mapa seguirá estando allí, porque un mapa es una representación de cosas que existen en la realidad, así que puedes volver a encontrar el transportador o la galleta. Y un horario es un mapa del tiempo, sólo que si no tienes un horario, el tiempo no está ahí como el rellano y el jardín y la ruta al colegio. Porque el tiempo no es más que la relación entre la forma en que cambian cosas distintas, como que la Tierra gire alrededor del Sol y los átomos vibren y los relojes hagan tictac y el día y la noche y despertarse e irse a dormir, y es como el oeste o el noroeste, que no existirán cuando la Tierra deje de existir y caiga hacia el Sol, porque es sólo una relación entre el Polo Norte y el Polo Sur y todos los demás sitios, como Mogadiscio y Sunderland y Canberra. (…)

Y esto significa que el tiempo es un misterio, y que no es ni siquiera una cosa, y nadie ha resuelto jamás el rompecabezas de qué es el tiempo exactamente. Y por eso, si te pierdes en el tiempo es como perderse en un desierto, sólo que no puedes ver el desierto porque no es una cosa.

Y por eso a mí me gustan los horarios, porque son la garantía de que no te vas a perder en el tiempo.

 

Cosas que pensabas de pequeño: Unanimidad.

Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que muchas cosas que pensábamos de pequeños (y no tan pequeños) no son como parecían. Y muchas de esas veces, es por una cuestión lingüística. Ya he comentado el caso de las pastas de té.

Cuando veía el telediario de pequeño, a veces sucedían cosas muy impresionantes. Ocurría que ciertas votaciones resultaban aplastantes a favor de un resultado, pero por una ventaja nimia. Sí sí, curiosamente, con que la diferencia de votos fuera pequeña, el presentador ya lo consideraba claramente a favor de uno de los dos bandos.

Esta extraña situación era debida a mi desconocimiento de la palabra «unanimidad». Cuando decían que se aprobó cierta medida por «unanimidad» yo entendía por «una nimiedad». Y nadie protestaba. Lo curioso quizá sea que conociese el significado de la palabra «nimiedad» y no el de «unanimidad».

¿Se te ocurre algún caso similar? Anímate a contárnoslo.

Expresiones que odio: En el último lugar en el que las buscas.

Uno de nuestros lectores, Almostel, también odia expresiones (o no tanto, que es muy cansado), así que se ha dignado a escribir un artículo sobre ello y enviárnoslo. Muchas gracias, Almostel, por tu colaboración, y a ver si esto anima al resto a seguir participando:

Yo odiar no odio ninguna expresión, que eso es muy cansado. Pero hay ciertas expresiones en el idioma castellano que se utilizan como grandes pozos de sabiduría y en realidad no dan ninguna información, si uno se pone en serio a meditar sobre el tema, pero lo acepta como un axioma (de mala suerte en el caso que nos ocupa) inevitable de este universo.

Pongámonos en situación. Necesitas encontrar un algo (cosa, cacharro, chisme, chiflito) importántisimo y te pones a revolver tu casa entera. Las carpetas, donde debería estar, la mesa donde es muy probable que estuviera, los cajones donde podría esperarse que estuviera, los armarios donde es muy poco probable que estuviera, los cajones donde es casi imposible que estuviera,el frigorífico… Hasta que finalmente aparece en cualquier lugar. Y cuando lo comentas viene alguien todo cargado de razón y te dice «Si es que las cosas siempre están en el último lugar en el que las buscas«.

¡Pues claro que estan en el último lugar en que las buscas! Porque cuando las encuentras, dejas de buscar, y por eso el sitio donde las encuentras es el último lugar en que las has buscado, aunque fuera un sitio donde ya habías mirado previamente y no las habías encontrado. ¿O acaso me creen tan estúpido como para buscar algo, encontrarlo, y seguir buscándolo?

Expresiones que odio V: …como los cangrejos

Muchas veces se utiliza la expresión «caminar hacia atrás, como los cangrejos» en situaciones en las que algo (negociación, proceso, ley…) no avanza, o más bien, retrocede.

Como veis por la mueca de terror que presenta el cangrejo Sebastián en la imagen, ODIO ESTA EXPRESIÓN. La odio porque los cangrejos que yo sepa, no caminan hacia atrás: ¡caminan de lado!

Y caminando de lado, amigos míos, a veces se avanza.

Si quieres saber qué más expresiones odio, pulsa aquí.

O dinos cuáles odias tú mandando un email a unaracnidounacamiseta(arroba)gmail.com.

Expresiones que odio IV: Nunca es tarde…

Nunca es tarde si la dicha es buena.

Mi madre siempre se queja de este refrán, y con toda la razón. ¿Nunca es tarde si la dicha es buena? La dicha es la felicidad, ¿puede no ser buena? ¿ACASO LA MALDITA FELICIDAD NO ES BUENA? No me vengan con teorías nihilistas ni con desajustes filosóficos, la felicidad es buena, sí o sí. Así que este refrán no aporta nada en absoluto.

Ella sugiere que se diga:

Nunca es tarde si la dicha llega.

Que también suena bien y tiene algo más de sentido.

He encontrado, sin embargo, este texto de Amando de Miguel, en el que explica este asunto (la negrita es mía)(no hagáis chistes sobre lo de «la negrita es mía»):

Cierto es que la dicha equivale a la buena suerte, la felicidad. Pero originalmente alude a la «palabra dicha» por los dioses en el momento de nacer de una criatura, lo que determinaba su destino. La tradición cristiana recogió esa creencia, de tal modo que es Dios quien expresa esa palabra inicial para anticipar el futuro del recién nacido. Así pues, cabe una cierta ambigüedad en esa «palabra dicha» en el momento de nacer y que luego se nos revela a lo largo de la vida. En consecuencia tiene sentido la frase «nunca es tarde si la dicha es buena», porque cabe la posibilidad de que no sea tan buena o incluso que sea aciaga. Debo aducir que la forma «nunca es tarde si la dicha es buena» la recoge Francisco Rodríguez Marín en su monumental acopio de refranes castellanos. Claro que también puede se que la frase tradicional sea una corrupción vulgar de un pensamiento algo más elaborado.

De todas maneras, ya sea por cuestiones genéticas o por comportamiento aprendido, yo, al igual que mi madre, odio esta expresión.

Refranero 2.0 (II)

Al hilo del Refranero 2.0 (I) os planteo esta nueva situación:

Unos amigos se reúnen en un bar para tomar unas cañas. Son seis, pero hay algo que diferencia a uno del resto: ese uno NO tiene un teléfono inteligente, así que no puede estar conectado a internet mientras están en el bar. Surge la típica discusión de amigos, que queda zanjada casi al instante porque alguien lo ha consultado en Google. Con la siguiente sucede lo mismo. En seguida, todos los temas de conversación mueren y los afortunados (o no) poseedores del móvil inteligente se dedican a entretenerse en internet mientras el pobre sexto amigo mira para las moscas. 

Se trata de inventar vuestros propios refranes que tengan que ver con esta situación, pueden estar relacionados con cualquier parte del texto y pueden tener cualquier forma, desde estructuras de refranes reales hasta nuevas inventadas por vosotros.

Para romper el hielo:

Discusión comenzada, a un clic de ser zanjada.
Quién bien discute, te hará guglear.
A quien buen móvil se arrima, buena información le cobija.