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Hemofilia y demás familia

Siempre me había preguntado por qué llamamos hemofilia a esa enfermedad que se caracteriza por la dificultad de la sangre para coagularse correctamente. Hemofilia literalmente significa gusto por la sangre. ¿No deberíamos llamar hemofílicos a los vampiros?

Si el prefijo «a(n)» significa «no», algo acéfalo no tiene cabeza. Una persona anémica, ¿no tiene sangre?.

Los forenses son bastante narcisistas. No paran de mirarse a sí mismos. Siempre haciendo autopsias. ¿No deberían hacer necropsias?

¿El estetoscopio sirve para mirar el pecho? ¿Las ortopedias solo se fabrican para niños?

¿Se os ocurren más ejemplos? Seguro que los hay.

Desmitificando

Hace poco, entramos en la sala de cine y tan solo estábamos nosotros. Lo comentamos, y alguien dijo:

– Seguro que aparece el MÍTICO tío que va sólo al cine.

Y respondió Juan:

– ¿Tan mítico como Hércules?

Ahí comenzó todo.

Admito que he utilizado la expresión “mítico” desde que se instauró en la juventud, hará unos tres años, que yo recuerde. Lo estoy intentando dejar. Es difícil. Se utiliza coloquialmente para referirse a cosas y personas que todo el mundo conoce por pertenecer a algún tipo de conciencia colectiva o experiencias compartidas. Por ejemplo:

– La mítica madre que se queja de que no comes.
– El mítico profesor que va de gracioso pero luego en el examen te suspende.
– La mítica partida de trivial familiar.

Lo acepté bastante bien y lo empecé a utilizar. No me había parado a pensar en su significado. Pero inconscientemente lo había interpretado como algo que es tan habitual y conocido por todos, que se vuelve un mito. Desde luego, se utilizaría para dar a entender una exageración. Por eso me convencía. ¿Pero no es acaso el mito algo ficticio? Según la RAE, mito es:

1. m. Ave paseriforme de la familia de los Páridos, con plumaje blanco, negro y rosado y larga cola blanca y negra. Es común en España y vive en los bosques, donde construye nidos cerrados de forma inconfundible.

Vale, ahora en serio:

2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.
3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.

Ajá. La segunda definición se parece bastante al significado con el que creo se suele utilizar en los ejemplos dados anteriormente. Esa madre condensa la realidad universal de las madres que alimentan a sus hijos para que sean los más orondos del vecindario. Aunque no es ningún personaje literario ni artístico. Todos conocemos ese tipo de madres. Pero, ¿son míticas? o quizá… ¿típicas? Son típicas pues todo el mundo las conoce. ¿Se han vuelto tan típicas que han constituido un mito? ¿Se puede volver un mito algo típico? ¿Era Hércules típico? ¿Era la Atlántida típica?

En el diccionario María Moliner:

2 Representación deformada o idealizada de alguien o algo que se forja en la conciencia colectiva: «El mito de la Atlántida. El mito de Eva Perón».

Esa forma idealizada de profesor graciosillo que se forma en la conciencia colectiva de todos los alumnos.

No sé por qué decantarme. Al principio lo acepté, me parecía muy acertado siempre y cuando se utilizase como una hipérbole. Luego, dos personas (Camila y Barnikel) desde medios distintos y sin ponerse de acuerdo, cuestionaron que estuviese bien utilizado. Quizá la gente lo sustituía por “típico” sin saber el porqué. Suenan parecido. Ahora de nuevo, al leer esas definiciones, vuelvo a aceptarlo pues se asemeja bastante a lo que pensaba en un principio. Pero la gente no parece ser consciente de ello, y lo utiliza porque sí.

Pesimista español

Siempre presumo de ser optimista, pero me estoy dando cuenta de que el español no me lo pone nada fácil.

Cuanto me sale un examen regular, no quiere decir que siga lo establecido, las reglas. Si me hubiera salido mediocre, no significaría de calidad media. Es curioso que aunque ambas palabras se refieran a cosas dentro de lo normal, lo habitual, tienen ese matiz de estar un poquito por debajo de dónde deberían estar. Si dijese que el examen me salió fatal ya a nadie se le ocurriría pensar que voy a aprobar. Sin embargo, fatal viene del latín fatalis que a su vez deriva de fatum que significa hado o destino. ¿Por qué tiene que ser este destino malo? Pues así ha evolucionado el significado de la palabra.

Del mismo modo que el destino no tiene porque ser malo, el azar tampoco. Es algo neutro. Pero la segunda acepción que trae la RAE sobre el azar es: “2. m. Desgracia imprevista.” ¿Por qué no alegría imprevista?

Quizás si todos estos significados sufrieran un cambio nos iría mejor. Un momento. ¿Sufrir un cambio? ¿Acaso todos los cambios son negativos? No obstante, se utiliza esta expresión.

(Inspirado por ciertos fragmentos de   de Miguel, Amando. La perversión del lenguaje. Madrid: Espasa->Mañana, 1985.)

JOJOJO FELIZ NAVIDAD

Una de las cosas que suelo hacer para matar el tiempo y saciar mi curiosidad lingüística es hojear la RAE  ojeando las definiciones.

El otro día, en vez de estar comiendo dulces navideños hallé algo muy interesante,  fijaos en las siguientes acepciones:

ja. interj. U. para indicar la risa, la burla o la incredulidad. U. m. repetida.

je. interj. U. para indicar la risa, la burla o la incredulidad. U. m. repetida.

ji. 1. interj. U. para manifestar la risa. U. m. repetida.

2. interj. p. us. U. para expresar júbilo. U. m. repetida.

jo. interj. U. para indicar la risa, la burla o la incredulidad. U. m. repetida.

ju. interj. U. para expresar la risa, la burla o la incredulidad. U. m. repetida.

qué risa. loc. interj. U. para expresar burla o incredulidad.

ijujú. interj. U. para expresar júbilo. U. t. c. s. m

Es curioso, ¿verdad? Ahora queda para vosotros buscar las diferencias entre expresar, manifestar e indicar.

Salvo ijujú, que probablemente se trate de un arcaísmo (ni siquiera me lo admite el corrector del Word) todas las anteriores palabras las empleamos, en mayor o en menor medida, diariamente en mensajes de msn, redes sociales, sms, etc. pero a cada una le damos un matiz diferente. Por ejemplo, mientras jajaja lo usamos para reírnos cuando algo realmente nos hace gracia, jejeje se suele emplear más bien con picardía o jijiji como risa inocente, etc.

La pregunta que os planteo es la siguiente, si la comunicación a través de Internet es parte importante de la realidad lingüística actual, ¿creéis que estos matices deberían ser incorporados en las definiciones?