Dios a través de los tiempos IV: 1817 – 1947

En las sucesivas ediciones del diccionario de la Real Academia la definición no se fue modificando mucho, en algunas omitían el peyorativo los gentiles hasta se tomaron la molestia de incluir ejemplos de aquellos falsos dioses de la idolatría:

RAE 1817

RAE 1832

RAE 1843

RAE 1869

RAE 1884

RAE 1899

RAE 1927

RAE 1939

RAE 1947

¡No, no, amigos no! No me he dedicado a copiar la misma foto tropecientas veces y etiquetarlas con distintos nombres. Así que ¡miradlas detalladamente!

Ahora en serio, el hecho de que en 9 ediciones no haya cambiado prácticamente nada la definición de Dios no se si denota cuan fija es la RAE o qué pais tan tradicionalmente católico es España.

Bueno, intentad de nuevo adivinar sobre que época se desligó de la religión única y verdadera la primera definición de esta palabra. Os aseguro que sorprende realmente lo tarde que fue.

Lee aquí la anterior entrega: Dios a través de los tiempos III: 1791.

Lee aquí la siguiente entrega: Dios a través de los tiempos V: 1950-1992.

Dios a través de los tiempos III: 1791

En el diccionairo de 1791 (el escaneo está un poco borroso) vemos como ya acortan bastante la definición, pero por supuesto sigue siendo dogmática en la fe cristiana. ¿A qué no adivináis sobre que año se adopta una definición desligada de una religión concreta?

Hay otra cosa interesante que podemos ver que es la expresión que aparece abajo, «a Dios» usada para despedirse, que es el origen del actual adiós.

Lee aquí la anterior entrega: Dios a través de los tiempos II: 1780.

Lee aquí la siguiente entrega: Dios a través de los tiempos IV: 1817 – 1947.

Dios a través de los tiempos II: 1780

Aquí os dejo la definición de Dios, en el segundo diccionario de la RAE, casi 50 años posterior al primero.

Como veis, la definición en sí no cambió con respecto a la anterior, pero hubo una modificación importante, la entrada principal ya no está en letras gigantes (hay que tener en cuenta que antiguamente los copistas hasta solían cambiar de tinta para escribir el nombre divino).

Otra cambio que acabo de notar es la acentuación en esta versión se cortan mucho más en poner acentos comparado con la anterior en los que las tildes aparecían a diestro y siniestro.

Lee aquí la primera entrega: Dios a través de los tiempos I:1732.

Lee aquí la siguiente entrega: Dios a través de los tiempos III: 1791.

Dios a través de los tiempos I:1732

Una actividad curiosa e interesante (sobre todo para perder el tiempo) es mirar la definición de una palabra en diccionarios de distintas épocas. La más llamativa es la evolución de la palabra «Dios/dios», en mis siguientes publicaciones podréis ver como ésta ha cambiado considerablemente.

Empecemos por el primer diccionario de la RAE, cuyo tomo con las letras D-E-F se publicó en 1732 (sí, cada tomo tardaba varios años en elaborarse):

dios en 1732 RAE

Como podéis ver es una definición muy dogmática la primera ( y en unas mayúsculas mayúsculas), y bastante despreciativa la segunda (las falsas deidades que fingió la idolatría).

Lee aquí la segunda entrega: Dios a través de los tiempos II: 1780.

¿Le tomo la comanda?

Recientemente me he dado cuenta de que en algunos bares me hacen esta pregunta, entendí lo que me querían decir por el parecido al francés, pero me dejó sorprendido. Y no soy el único, ya que comentándolo con distintas personas también les había parecido extraño.

Lo primero que se me pasó por la mente es que sería una manera arcaica de decirlo, que por algún motivo se puso de moda recientemente, pero al mirarlo en el diccionario en línea de la RAE aparece como «artículo nuevo – avance de la vigésimo tercera edición», que aún no se ha publicado. Como la real academia tarda mucho en eliminar palabras de su diccionario por poco uso que tengan, no cabe más que deducir que se trata asistimos a la creación de un neologismo.

No sé cuando se empezó a usar, ni a quien se le ocurrió hacerlo, ni si es una traducción del francés o recuperación del latín, pero sería interesante llegar al orígen de este fenómeno.

Hemofilia y demás familia

Siempre me había preguntado por qué llamamos hemofilia a esa enfermedad que se caracteriza por la dificultad de la sangre para coagularse correctamente. Hemofilia literalmente significa gusto por la sangre. ¿No deberíamos llamar hemofílicos a los vampiros?

Si el prefijo «a(n)» significa «no», algo acéfalo no tiene cabeza. Una persona anémica, ¿no tiene sangre?.

Los forenses son bastante narcisistas. No paran de mirarse a sí mismos. Siempre haciendo autopsias. ¿No deberían hacer necropsias?

¿El estetoscopio sirve para mirar el pecho? ¿Las ortopedias solo se fabrican para niños?

¿Se os ocurren más ejemplos? Seguro que los hay.

Desmitificando

Hace poco, entramos en la sala de cine y tan solo estábamos nosotros. Lo comentamos, y alguien dijo:

– Seguro que aparece el MÍTICO tío que va sólo al cine.

Y respondió Juan:

– ¿Tan mítico como Hércules?

Ahí comenzó todo.

Admito que he utilizado la expresión “mítico” desde que se instauró en la juventud, hará unos tres años, que yo recuerde. Lo estoy intentando dejar. Es difícil. Se utiliza coloquialmente para referirse a cosas y personas que todo el mundo conoce por pertenecer a algún tipo de conciencia colectiva o experiencias compartidas. Por ejemplo:

– La mítica madre que se queja de que no comes.
– El mítico profesor que va de gracioso pero luego en el examen te suspende.
– La mítica partida de trivial familiar.

Lo acepté bastante bien y lo empecé a utilizar. No me había parado a pensar en su significado. Pero inconscientemente lo había interpretado como algo que es tan habitual y conocido por todos, que se vuelve un mito. Desde luego, se utilizaría para dar a entender una exageración. Por eso me convencía. ¿Pero no es acaso el mito algo ficticio? Según la RAE, mito es:

1. m. Ave paseriforme de la familia de los Páridos, con plumaje blanco, negro y rosado y larga cola blanca y negra. Es común en España y vive en los bosques, donde construye nidos cerrados de forma inconfundible.

Vale, ahora en serio:

2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.
3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.

Ajá. La segunda definición se parece bastante al significado con el que creo se suele utilizar en los ejemplos dados anteriormente. Esa madre condensa la realidad universal de las madres que alimentan a sus hijos para que sean los más orondos del vecindario. Aunque no es ningún personaje literario ni artístico. Todos conocemos ese tipo de madres. Pero, ¿son míticas? o quizá… ¿típicas? Son típicas pues todo el mundo las conoce. ¿Se han vuelto tan típicas que han constituido un mito? ¿Se puede volver un mito algo típico? ¿Era Hércules típico? ¿Era la Atlántida típica?

En el diccionario María Moliner:

2 Representación deformada o idealizada de alguien o algo que se forja en la conciencia colectiva: «El mito de la Atlántida. El mito de Eva Perón».

Esa forma idealizada de profesor graciosillo que se forma en la conciencia colectiva de todos los alumnos.

No sé por qué decantarme. Al principio lo acepté, me parecía muy acertado siempre y cuando se utilizase como una hipérbole. Luego, dos personas (Camila y Barnikel) desde medios distintos y sin ponerse de acuerdo, cuestionaron que estuviese bien utilizado. Quizá la gente lo sustituía por “típico” sin saber el porqué. Suenan parecido. Ahora de nuevo, al leer esas definiciones, vuelvo a aceptarlo pues se asemeja bastante a lo que pensaba en un principio. Pero la gente no parece ser consciente de ello, y lo utiliza porque sí.