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Sobre gentilicios (independientemente de la coherencia)

Siguiendo el hilo de mi artículo de hace unos días Sobre toponimia y coherencia, quiero hablar de los gentilicios de ciertas localidades españolas que tienen el topónimo en su propio idioma.

Como es el caso de Orense, aunque no me parece lo más coherente decir Ourense, no está mal, por ser el oficial. Sin embargo lo que sí es un error garrafal es cómo cierta gente llama a sus habitantes: ourensano* , cuando carece totalmente de sentido. Ya que en castellano el único gentilicio válido es orensano y la opción gallega sería ourensán. El uso de esta aberración, lo único que denota es un desconocimiento de ambas lenguas, o una falta de respeto por ellas, incurriendo en el castrapo más macarrónico, por no mencionar una falta de coherencia absoluta.

Otros ejemplos de esta incultura lingüística, por parte de, desgraciadamente, mucha gente, son gironés o lleidano para Gerona y Lérida, respectívamente. En estos casos el gentilico español sería, en el primer caso, gerundense, y en el segundo, leridano o ilerdense. Y en el caso de la gente que, por su coherencia particular, diga los topónimos en catalán y quiera hacer lo mismo con los gentilicios, tendría que decir gironí y lleidatà.

Así que, independientemente del tipo de coherencia a que os atengáis, al menos hablad correctamente en alguna de las lenguas, no creéis esos mestizos bastardos.

Aviso a los pasajeros del vuelo…

Los lectores de nuestro blog que viajéis en Iberia, podreís deleitaros de una sección muy interesante de la revista Ronda (sí, esa que publica dicha compañía y podréis encontrar en un compartimento en el asiento delantero, junto a las instrucciones de seguridad, y que la mitad es publicidad) que se llama Recomendaciones de uso de nuestro idioma. No es más que una página (dos pequeños articulitos) en los que, en colaboración con la Fundación del Español Urgente (Fundéu), «defiende el uso correcto del español con el fin de evitar el mal uso de nuestro idioma, los barbarismos y la invasión indiscriminada de neologismos».

Con esto no quiero incitaros a que viajéis con Iberia (que a mi no me pagan por la publicidad), solo quiero que le echéis un vistazo cuando voléis con ellos, porque enseñan cosas realmente interesantes sobre la lengua (usos abusivos de algunas palabras, confusiones comunes por parte de los medios de unas con otras, etc.).

Por otra parte, en la página de la Fundeu (http://www.fundeu.es/), fundación creada por el BBVA con asesoramiento de la RAE, podéis encontrar mucha más información útil e instructiva. Si no fuera porque no tienen nuestra chispa (y porque no actualizan tan a menudo) podríais abandonarnos por ellos. Pero confío en vosotros, sé que sois lectores fieles.

Ser el chivo expiatorio

No sé a vostros, pero a mí esta expresión, que se refiere a la persona a la que se le achacan las culpas de otros, siempre me había intrigado. Primero, no tenía ni pajolera idea de qué narices es un chivo. Y segundo me intrigaba qué podría ser tan sufridor, para que expiara las faltas de otros.

Pues bien, un chivo es la cría macho de la cabra, desde que no mama hasta que llega a la edad de procrear. (Así de preciso, ni un día más ni menos)

Y la expresión proviene de la antigua ceremonia judía en la que se elegían dos chivos, uno sacrificado como ofrenda a Yaveh y otro, al que se le imputaban todas las faltas y pecados cometidos por la comunidad,  que se entregaba al demonio Azazel y era inmolado entre los insultos de los asistentes.

Así que ya sabéis, si os culpan de algo decid que ha sido la cabra, lleva siglos funcionando.

Sobre toponimia y coherencia

Este artículo está dirigido a todos aquellos que opinen que es ridículo decir en español:

London en lugar de Londres,

München por Múnich

Milano por Milán

– مصر‎ (masr) por Egipto

Den Haag por La haya

Köln por Colonia

– 北京 (pronunciado [peɪ˨˩ t͡ɕiŋ] no  /beɪˈdʒɪŋ/) por Pekín

Aachen por Aquisgrán

Todos estos topónimos y un largo etcétera tienen un nombre tradicional en español, por motivos históricos y de pronunciación (no se puede pronunciar con los fonemas limitados del español todos los de otras lenguas, hasta decimos París en vez de [paʁi] a la francesa).

Entonces, lo que a mí me parece ridículo es que a cierta parte de este colectivo de personas que opina así diga en castellano:

Ourense por Orense

A Coruña por La coruña

Lleida por Lérida

Girona [ʒiˈɾonə] por Gerona

Por poner un ejemplo. O incluso Sanxenxo por Sangenjo (cuando en castellano no existe el sonido /sh/ y además en gallego primitivo se escribía Sangenjo solo que la g y la j se pronunciaban como la x actual, en español no se hizo una mala traducción, ni una aberración lingüística, sino un intento de pronunciación o una transliteración).

Usar hablando español, el nombre en la lengua original solo es preceptivo, es decir obligatorio, para textos oficiales, que no más correcto, ni más idiomático en otras situaciones, sino, si cabe, lo contrario.

Yo solo pido coherencia en el habla, o todo en la lengua original (cueste lo que cueste pronunciarlo) o todo en la lengua en la que estés hablando.

Así mismo, en francés dicen Saragosse, en catalán La Corunya, en inglés Canary Islands, en gallego Xirona, en italiano Siviglia, etc.

Let us leave!

 

lettuce leaf

En inglés LET US LEAVE (déjanos marchar) suena exáctamente igual que LETTUCE LEAF (hoja de lechuga) por lo que se podrían hacer algunos makgufis u otros juegos de palabras con ello.

Quisiera ser un verbo algún día

Esta es la frase que profirió un compañero de un curso de alemán al enterarse de que en este idioma a los rayos-X se les llama Röntgen Strahlung (radiación Röntgen) en honor a su descubridor (Wilhelm Conrad Röntgen) y que el verbo para radiografiar es también röntgen. ¿A quién no le gustaría quedar inmortalizado, aunque sea en forma de verbo?

Aquí os dejo otros dos nombres que perdurarán a través de la palabra (para bien o para mal de de los susodichos), aunque ya no muchos se acuerden de donde provienen:

Linchar, por el Juez Charles Lynch, un plantador de Virginia y revolucionario americano, quien dirigió un juzgado del condado en Virginia para castigar a los partidarios de los británicos, extralimitándose es sus poderes. Este tipo de medidas, que pasaron a conocerse como Ley Lynch, fueron declaradas ilegales, pero justificables por la inminencia del peligro, siendo imitadas en otras partes del estado. El siginificado fue centrándose en la componente extralegal llegando al actual: Ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo.

Boicotear, por el Capitán Charles Boycott, un importante administardor de tierras en Irlanda, durante la llamada Guerra de la Tierra a finales del s.XIX, que se negó a reducir el precio de los arrendamientos a los granjeros, convirtiéndose en sujeto del ostracismo y primera víctima del boicoteo.

Extranjerismos innecesarios: OK

Esta expresión para expresar acuerdo o aprobación, que desgraciadamente yo también he incorporado a mi vocabulario habitual, cada vez se oye más y más en el lenguaje hablado. A mi, sinceramente, me parece una barbaridad, porque oralmente se tarda lo mismo en decir “oquei” que vale, es decir que tiene las mismas sílabas, y tampoco se economiza mucho con respecto a de acuerdo. El problema surgió seguramente debido al uso de esta expresión para optimizar la escritura en los chats o sms (por cierto, que estos últimos no me parecen tan innecesarios ya que representan conceptos nuevos para los que no preexistían un vocablo propio en español). Que se use en estos medios me parece lógico, pero llegar a extrapolarlo a todos los usos ya no tanto. Quizás el fallo del español es no tener algún método de abreviarlo, como en el francés d’ac para d’accord.

Como curiosidad, O.K. es el último vestigio de una moda pasajera de Boston entre los años 1838-9 en la que se abreviaban frases comunes con fallos ortográficos deliberadamente jocosos ( K.G. por “no go” como si se escribiese «know go»), en este caso oll korrect.