lo que en inglés es anthrax en español se le llama carbunco
y el término inglés carbuncle en español es ántrax
Cuando en las noticias dicen ántrax, hablando del envío de sobres con polvos blancos, se están refiriendo erróneamente a una simple infección cutánea, en vez de a una enfermedad grave, contagiosa, virulenta y mortífera.
Siguiendo el hilo de mi artículo de hace unos díasSobre toponimia y coherencia, quiero hablar de los gentilicios de ciertas localidades españolas que tienen el topónimo en su propio idioma.
Como es el caso de Orense, aunque no me parece lo más coherente decir Ourense, no está mal, por ser el oficial. Sin embargo lo que sí es un error garrafal es cómo cierta gente llama a sus habitantes: ourensano*, cuando carece totalmente de sentido. Ya que en castellano el único gentilicio válido es orensano y la opción gallega sería ourensán. El uso de esta aberración, lo único que denota es un desconocimiento de ambas lenguas, o una falta de respeto por ellas, incurriendo en el castrapo más macarrónico, por no mencionar una falta de coherencia absoluta.
Otros ejemplos de esta incultura lingüística, por parte de, desgraciadamente, mucha gente, son gironés o lleidano para Gerona y Lérida, respectívamente. En estos casos el gentilico español sería, en el primer caso, gerundense, y en el segundo, leridano o ilerdense. Y en el caso de la gente que, por su coherencia particular, diga los topónimos en catalán y quiera hacer lo mismo con los gentilicios, tendría que decir gironí y lleidatà.
Así que, independientemente del tipo de coherencia a que os atengáis, al menos hablad correctamente en alguna de las lenguas, no creéis esos mestizos bastardos.
Esta es la frase que profirió un compañero de un curso de alemán al enterarse de que en este idioma a los rayos-X se les llama Röntgen Strahlung (radiación Röntgen) en honor a su descubridor (Wilhelm Conrad Röntgen) y que el verbo para radiografiar es también röntgen. ¿A quién no le gustaría quedar inmortalizado, aunque sea en forma de verbo?
Aquí os dejo otros dos nombres que perdurarán a través de la palabra (para bien o para mal de de los susodichos), aunque ya no muchos se acuerden de donde provienen:
Linchar, por el Juez Charles Lynch, un plantador de Virginia y revolucionario americano, quien dirigió un juzgado del condado en Virginia para castigar a los partidarios de los británicos, extralimitándose es sus poderes. Este tipo de medidas, que pasaron a conocerse como Ley Lynch, fueron declaradas ilegales, pero justificables por la inminencia del peligro, siendo imitadas en otras partes del estado. El siginificado fue centrándose en la componente extralegal llegando al actual: Ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo.
Boicotear, por el Capitán Charles Boycott, un importante administardor de tierras en Irlanda, durante la llamada Guerra de la Tierra a finales del s.XIX, que se negó a reducir el precio de los arrendamientos a los granjeros, convirtiéndose en sujeto del ostracismo y primera víctima del boicoteo.
Esta expresión para expresar acuerdo o aprobación, que desgraciadamente yo también he incorporado a mi vocabulario habitual, cada vez se oye más y más en el lenguaje hablado. A mi, sinceramente, me parece una barbaridad, porque oralmente se tarda lo mismo en decir “oquei” que vale, es decir que tiene las mismas sílabas, y tampoco se economiza mucho con respecto a de acuerdo. El problema surgió seguramente debido al uso de esta expresión para optimizar la escritura en los chats o sms (por cierto, que estos últimos no me parecen tan innecesarios ya que representan conceptos nuevos para los que no preexistían un vocablo propio en español). Que se use en estos medios me parece lógico, pero llegar a extrapolarlo a todos los usos ya no tanto. Quizás el fallo del español es no tener algún método de abreviarlo, como en el francés d’ac para d’accord.
Como curiosidad, O.K. es el último vestigio de una moda pasajera de Boston entre los años 1838-9 en la que se abreviaban frases comunes con fallos ortográficos deliberadamente jocosos ( K.G. por “no go” como si se escribiese «know go»), en este caso oll korrect.
Acabo de recordar que en el juego de rol de La llamada de Cthulhu (que aún no sé cómo pronunciar) aparecían un montón de fobias que podían tener los personajes. Algunas eran muy graciosas y otras no las había visto en mi vida. Básicamente se trata de prefijos que se ponen DELANTE de -fobia. Aquí pongo unos ejemplos de los más destacables:
Ailurofobia: Miedo a los gatos.
Balistofobia: Miedo a los proyectiles.
Blenofobia: Miedo a las mucosidades.
Espectrofobia: Miedo a los espejos. En internet la espectrofobia aparece como «Miedo a los fantasmas», lo cual tiene un poco más de lógica.
Fonofobia: Miedo al ruido, incluso a la propia voz.
Gefirdrofobia: Miedo a cruzar los puentes. En internet aparece como gefirofobia.
Hafefobia: Miedo a ser tocado.
Hamartofobia: Miedo a equivocarse o pecar.
Maniafobia: Miedo a enloquecer.
Odontofobia: Miedo a los dientes.
Onomatofobia: Miedo a un nombre, palabra o frase en particular.
Quionofobia: Miedo a la nieve.
Tafefobia: Miedo a ser enterrado vivo.
Talasofobia: Miedo al mar.
Teratofobia: Miedo a los monstruos.
Uranofobia: Miedo al firmamento.
¿Y quién no tiene tafefobia o teratofobia?
¿Y quién tiene quionofobia u odontofobia? Pues cualquier personaje que os hagáis para este juego, claro.
Con el rico (y también sabroso) vocabulario que tiene el español son innecesarios muchos de los extranjerismos que se han adoptado reemplazando a otras palabras propias de nuestro léxico. Otra cosa son los nuevos conceptos para los que no existe palabra en español, en los que existe la posibilidad de inventar un término nuevo en español o tomar el que se inventa en inglés.
En esta sección no pretendemos hablar de los últimos, que quizás sea tema de una discusión más amplia, sino simplemente mencionar los sinónimos en castellano de esos extranjerismo innecesarios, para que cada uno decida utilizar el que quiera.
¿Por qué decir Hall pudiendo decir, además con mucha más elegancia, vestíbulo o recibidor?
El español está repleto de palabras de procedencia árabe debido a la presencia islámica en la península durante más de siete siglos y, en muy menor medida, debido al protectorado español de Marruecos. Este léxico, que por otra parte es inmenso y muy variado, enriquece a las lenguas de la península y al mismo tiempo diferencia del resto de lenguas romances donde solo existen unos cuantos préstamos de origen más reciente. Además, para mi gusto, son unas de las más bellas palabras del español: azucena, azahar, almíbar, azúcar, álgebra, algoritmo, zenit, nádir, azimut, etc.
Este verano tuve la oportunidad de conocer a varias personas de habla árabe y les comenté algunas de estas palabras para averiguar cuales se mantenían parecidas pese al paso de los siglos. Las que encontré fueron:
– Azahar: que para nosotros es la flor del naranjo, para ellos es a zahar, que significa simplemente la flor. Como el cultivo de naranjos fue muy importante en Alandalus se debió de interpretar que con flores se referían a las de los de estos árboles en particular.
– Aceite: a zeit con el mismo significado.
– Aceituna: a zitun. (probablemente esté transcribiendo mal el árabe)
– Alacrán:al akrab.
– Ojalá: actualmente se puede decir in sh’alah o law sha’allah, que significan así dios lo quiera.
– Hala, Ale: para infundir aliento un meter prisa se utiliza yallah, aunque al igual que olé probablemente provenga de wallah (por dios).
– Alfil: la pieza de ajedrez originalmente tenía forma de elefante, justamente al fil (el elefante).
– Medina: este nombre que aparece en algunas ciudades como Medina Azahara (Madīnat al-Zahrā’, la ciudad de Zahra) y que significa actualmente en español barrio antiguo de una ciudad árabe, en árabe Madinah significa todavía ciudad.
– Sahara:Sahara significa simplemente desierto.
Dos palabras que se tomaron prestadas en muchos idiomas:
– Azúcar: de a sukkar (en inglés sugar, francés sucre, alemán zucker etc.)
– Algodón: de a qutn (en inglés cotton, francés coton, etc.)
Estas son las que recuerdo ahora. Seguro que muchas más coinciden, pero está el problema adicional de que buena parte de este vocabulario es muy preciso o difícil de explicar (alféizar, almadraba, aljébana,…) y por ello no pude sacarle tanto provecho como quisiese a las conversaciones con estos amigos.